Rebecca

Rebecca, la novela de Daphne du Maurier fue la primera novela que regaló mi abuelo Nazario a mi abuela María. También mi abuelo explicaba anécdotas de cuando la fueron a ver al cine.

Me encanta la peli de Rebeca de A. Hitchcock. Por eso, cuando los de Zukate propusieron  un evento sobre “Dibuja tu escena de cine preferida”, pensé en escoger esta película.

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En el momento de elegir la imagen pensé que, como mi parte de la película preferida es cuando Mss Van Hopper le recuerda a la protagonista cómo era la difunta Rebecca de Winter, esa sería la mejor escena para ilustrar.  Es el momento en que la sirvienta  hace ver que la peina con el antiguo cepillo de pelo de Rebecca mientras le explica las costumbres que tenía con su antigua ama.

Si no conocéis la película, os aconsejo que la veáis.

 

 

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Clara Wieck

Me suelo preguntar por qué las mujeres no acompañan a los hombres en la Historia. Me niego a pensar que sólo las personas con aparato reproductor masculino son los únicos en poder a llegar a ser genios en la vida.

Tal día como hoy, el 13 de septiembre de 1819 nacía en Leipzig Clara Wieck. Fue una aclamada pianista (hizo unas 40 giras a lo largo de su vida), maestra y compositora. Pudo llegar a niveles de reconocimiento similares al de sus colegas y a vivir de su arte.

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No dejó nunca de ser buena madre ni de cuidar a su familia.  Estuvo embarazada 10 veces, de las cuales nacieron ocho hijos. Tuvo que afrontar la muerte de cuatro de ellos y la enfermedad mental de su marido Robert Schumann a quien tanto amó.

También hubo otras mujeres que brillaron por sus composiciones, como Élisabeth Jacquet la Guerre (1659-1729), Maria Theresia von Paradis (1759-1824), Fanny Hensel (1805-1847), o Lili Boulanger (1893-1918) a pesar que es difícil encontrarlas en libros especializados de música clásica.

Si quieres saber más:

Gran trabajo el de Victoria de Palma que con su granito de arena ayuda a la difusión de las composiciones de músicos femeninas. Escúchala aquí.

Es muy recomendable la biografía que le dedican a Clara Schumann en “Efemérides Musicales”

Ser como un pulpo

Hace unos días me imaginé siendo como un pulpo. Y no sólo por poder tener ocho extremidades y hacer muchas más cosas a la vez…  24 horas al día no son suficientes para mí. Ni para mí ni para el resto de mujeres del mundo que quieren disfrutar de sus hijos, tienen que ir a trabajar, tienen que hacer esas cosas cotidianas que nos quitan tiempo en la vida y que son tan aburridas (poner lavadoras, ir a comprar al supermercado, ordenar la cocina, limpiar el wc…) si no que también quieren tener tiempo para hacer lo que les de la gana: leer, dibujar, estar sentada en el sofá como una alcachofa…

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Quién pudiera tener tantos brazos como un pulpo

Pero no es sólo poder hacer varias cosas a la vez con un sólo cerebro lo que me admira de los pulpos.  Me encanta el hecho de que pueden pasar desapercibidos por sus depredadores gracias a su mimetismo: pueden cambiar de color en menos de un segundo gracias a sus iridóforos (células dérmicas reflectoras que controlan el cambio de color). Pasar desapercibida por según quién también me gustaría.

Y su cerebro. Todos sabemos que son animales sumamente inteligentes. Tienen un cerebro pequeño pero con él controlan sus tentáculos, a parte de saber reconocer colores, formas, tamaños, abrir botellas, tener estrategias para la caza, juegan con juguetes (pueden tirar una concha en una corriente e irla a buscar), imitan a otros pulpos, etc.

Además, ¿sabíais que tienen tres corazones? Pues sí. A falta de uno de algunos humanos, ellos tienen tres.  Dos de los tres corazones bombean sangre a través de las branquias  y  el tercer corazón bombea la sangre al resto del cuerpo.

Quién pudiera ser un rato un pulpo.

No te hundas los días de viento fuerte

Vivo en un sitio con mucho viento. Pero no sólo es viento de invierno. Es viento sacudidor de sentimientos, azotador de banderas y de malas influencias, arrancador de mentiras y sanador de enfermedades. Es un viento que, para los que no hemos nacido aquí, nos duele cada vez que lleva soplando más de dos días.

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Para no hundirme en los días de viento fuerte, me abrazo como si fuera un barco salvavidas a mis ganas de verano, de sol y de lluvias tempestuosas que sólo duran unos minutos y que dejan ese olor a tierra mojada. Pero el viento entra por todas las rendijas. Por entre los dedos, por entre las grietas de los viejos recuerdos, esos que ya están hartos de ventilarse, por entre los porticones de ventanas mal cerradas.

“Este viento nos quita de aromas viejos, nos da fuerzas para tirar adelante” me dicen los que han nacido entre los vientos de a través de las montañas. Y a mí, me deja aplastada contra el polvo que tanto levanta por entre las esquinas de cualquier parte. Hasta que acaba, un día, sin más. Y es entonces, cuando ya no hay aire, que vuelvo a poder respirar.

Y es que no sólo sopla el viento en invierno.

Piérdete

Piérdete en el camino,un bosque de pensamientos o en una selva de ilusiones.

Piérdete y aprende a volar solo y podrás hacerlo en compañía.

Piérdete y sufre, llora, ríe, baila…vive.

Piérdete y vuelve mañana (o nunca).

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Texto: Adrià Ariza      Imagen: laperroverde

Si quieres ver y leer más imágenes de la serie “Este no es un mensaje feliz” haz clic aquí y aquí.

Caperucita roja

Caperucita envía un whatsapp a Lobo

Para Lobo (15:16): A las 17h donde siempre?

Para Caperucita (15:19): Roja, voy con prisas, llega puntual esta vez

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Son las 17:15h. Lobo está sentado en una terraza. Coge su teléfono y comprueba que Caperucita está en línea. Resoplando, escribe:

Para Caperucita (17:17): Caperucita, ¿dónde estás?

Perplejo, comprueba que Caperucita ya no está en línea. Le llama: “el teléfono marcado está apagado o fuera de cobertura”.

Son las 17:23 y Lobo empieza a impacientarse. A las 18h tiene un exámen de Semiótica en la Universidad y lleva semanas preparándose para ese examen.
Son las 17:30. Lobo no puede esperar más, tiene que irse si no quiere llegar tarde. Coge su mochila, saca unos papeles escritos y se los da al camarero para que se los entregue a Caperucita. Le deja una nota: “Roja, aquí tienes los deberes de matemáticas. Es la última vez que trabajo para tí” Lobo se va, corriendo, en dirección a la universidad.

Al ver que Lobo marcha, Caperucita la Impresentable sale de entre los arbustos. Recoge sus deberes y vuelve a casa sonriendo. Le debe demasiado dinero a Lobo y no tiene intención de pagárselo. La venta de pasteles a domicilio no le deja mucho dinero y no puede contarle a su madre sus negocios con Lobo. La semana que viene tiene que entregar un trabajo de historia y empieza a pensar cómo hará para volver a engatusar a Lobo. Y al poco tiene una idea…

 

Héctor y Leo

Ana tiene los ojos azules como el mar y el pelo como las olas rizadas por el viento.

Ana siempre ha sido una chica seria. Hay que decir que prefiero mil veces las chicas serias a las graciosillas. Pero no es sólo por eso que lleva tanto tiempo siendo una gran amiga, una amiga de las del corazón. Ha estado siempre y yo he querido estar siempre con ella.

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Los hijos de Ana: Héctor y Leo

Ana se casó con el amor de su vida, Quim, y estuve presente. Mi hijo tuvo el honor de llevar los anillos hasta el altar. Ana me dejó participar en el inicio de su nueva empresa y el gato que diseñé como imagen empresarial le acompañó en toda su andadura.

Tienen dos hijos Héctor y Leo a los cuales estoy viendo crecer. Leo antes de ayer hizo su primer añito, Héctor ya tiene ocho. Héctor es tan friqui como Lluc, mi hijo mayor y siempre se han entendido la mar de bien ya que hablan el mismo idioma, que si Star Wars, que si los cromos o medallas de moda, que si el gusto por los mismos juguetes. Y a mí me encanta darle besos y a Héctor no demasiado recibirlos. Me debe ver como a una de esas tías bigotudas besonas que tanto agobian. Y Leo se lleva una semana con Eva, mi hijita pequeña y espero que se lleven igual de bien.

Podría explicar un montón de cosas pero no quiero explicar lo que me pasó con sus apuntes de la carrera aunque sé que ella, a pesar de ser una chica seria, lo explicaría, como siempre lo hace, con su gracia y muriéndose de risa.