Autorretrato

Una vez me dijeron que no debemos aferrarnos a lo que creemos que hemos sido. La Patricia (yo) de hace 20 años no es la que es ahora. Tenemos que renovarnos y no dejar que esas etiquetas antiguas nos definan. Eso me permitió ver y notar que es mucho más fácil el cambio si so te aferras a lo que crees que eres.

Refuerzo las cosas que soy, las que me gusta ser e intento eliminar los lastres que me impiden avanzar.autolap

Refuerzo las cosas que soy, las que me gusta ser e intento eliminar los lastres que me impiden avanzar. Lo que fui en un pasado no es lo que soy ahora.

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Pelirrojas salvajes

En la lotería genética, ser pelirrojo es altamente improbable, a no ser que seas escocés, claro. Desde pequeña, siempre me habría gustado ser pelirroja. Imagino que es algo cultural, pero tiendo a asociar a las mujeres pelirrojas con mujeres salvajes, independientes e inteligentes.

En mi familia hay dos tipos de pelirrojas, las que lo son de nacimiento y las que hemos tomado medidas activas para serlo, con mayor o menor éxito. En mi imaginario personal, el paradigma de la pelirrojicidad es mi tata Neus, pelirroja, pecosa y de ojos verdes claro. Ella personaliza a la perfección los trazos de personalidad pelirroja que he descrito antes, y personaliza también mi ideal de mujer: creativa, inteligente, preciosa, independiente, espiritual, aventurera y de corazón bueno.

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Hace poco fue su cumpleaños y, cosas de la vida, mientras ella estaba de viaje en Sudán yo estaba en su casa con mi familia pasando las vacaciones de navidad. Su casa es un claro reflejo, con todas sus obras de arte, sus libros, sus orquídeas y demás plantas, su espacio… Me he visto inmersa en su vida y me he sentido un poco ella. Incluso un poco pelirroja

Vivan las pelirrojas!

Quien quiera pasearse por el arte de mi tía: http://neusaller.blogspot.com.es/

50 aniversario de Star Trek

Este año la famosa franquicia Star Trek hace los cincuenta años de su primera emisión. Y yo no he podido resistirme a hacer una imagen dedicada a la serie. Pero he querido alejarme de los personajes en sí para dar mucho valor a aquello que Star Trek nos ha dejado y es un mundo nuevo donde llevar nuestra imaginación.

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Nosotros ya jugamos en nuestra infancia con nuevos mundos que descubrir y ahora lo hacen nuestros hijos. Eso es emocionante.

Además, como me emociona cualquier forma de expresión artística que proyecte imaginación e ilusión, me esfuerzo en fomentar la experiencia imaginativa a mis hijos de mil maneras diferentes. Creo que así les doy herramientas útiles con las que podrán conquistar pedacitos de futuro y re-conquistar episodios del pasado. Siento especial cariño por Star Trek pues también nos amplía horizontes, dado que difícilmente pensamos más allá de nuestro contexto local (difícilmente llegamos al plano terrestre).

Y es que llegamos allí donde nos imaginamos que somos y estamos.

Visita sorpresa

Este verano ya se ha pasado -o se ha paseado- por nuestra casa un murciélago muy simpático que no sé bien bien qué pretende: si pararnos el corazón o, el pobre, sólo pasar a saludar.


La cuestión fue plantearnos si dejábamos las ventanas abiertas para poder dormir fresquitos o preferíamos morir de calor. Pues decidimos lo de las ventanas abiertas, y, si nuestro pequeño amigo quiere volver a hacernos una visita, ya sabe dónde nos puede encontrar. 

¡Una de sushi!

Sigo con los dibujos en las libretas. Ya llevo varios años haciendo un dibujo diario, ummm, exactamente cinco años. Ya son muchas las libretas que conservo. Lo cierto es que no suelo ojearlas después de haberlas acabado. A no ser que quiera consultar algún dibujo en concreto. Como ya están llenas, ya no vuelvo a tocarlas.
En este caso he hecho una excepción. Me apetecía ponerme a dar color con Photoshop y hoy he estado rebuscando entre las páginas de libretas antiguas. He encontrado este dibujo de hace tres meses. Me divertí dibujándolo y me he divertido hoy pintándolo.
Ya sabéis mi amor por los gatos, y por dibujarlos.

Dibujar, comer sushi y los gatos. Buena combinación, ¿no?

Vivir sin música

Nadie debería vivir sin música. Yo, al menos, no podría vivir sin ella. La música me conecta con el mundo al compás de las notas. La verdad es que no toda la música me vale, ni toda la música es pertinente en cualquier momento. 
 
El otro día escuché que hombres y mujeres (por lo general) tenemos un comportamiento diferente a la hora de escoger la música que escuchamos cuando estamos tristes o angustiados. Los hombres prefieren la música que refuerza sus sentimientos (agresivos, tristes, lo que sea), mientras que las mujeres tienden a preferir músicas que contrarresten su estado de ánimo.
Yo, como excepción a la regla, contribuyo a confirmarla.  Lástima que no tenga el contacto de los investigadores de ese estudio, quienes seguro estarían encantados de poder estudiar más a fondo a una personita como yo, melómana con comportamiento efusivo-posesivo-ahora sí/ahora no.