Inês y Frida Kahlo

A Inês le gusta mucho la obra de Frida Kahlo. A mí no tanto. Valoro mucho su obra como espejo del sufrimiento que vivía por dentro pero no es un estilo artístico que me llegue a emocionar.ines.jpg

Cuando yo tenía unos 16 años, fui a una exposición que se hacía en la Casa Macaya de Barcelona sobre las vanguardias rusas. Allí vi una obra de Natalia Goncharova. No recuerdo cuál fue, he estado buscando por internet y no encuentro la información de las pinturas que se expusieron entonces. No sé qué cuadro fue, pero me estremecí delante de una de sus obras. Conectó conmigo en un momento de la vida que tenía que conocerla. También me pasó algo parecido en otra exposición delante de una pintura de Sonia Delaunay.

Soy de la opinión que a cada uno le llega el conocimiento en el momento necesario. Quizás si hubiera visto su pintura ahora, no me hubiera llamado tanto la atención (de hecho, las obras que he visto por internet no me han causado esa sensación inicial) ni me hubiera impactado tanto.

Inês, con sus 6 años recién cumplidos, ha conocido a Frida Kahlo, y conocer su obra la ha transformado y la ha convertido en una Inês diferente. No entiendo la educación de los niños lejos del conocimiento de las obras artísticas, ya sea en música, teatro o danza, pintura y escultura… Opino que pueden llegar a expresarse con mayor comodidad si entienden como se han expresado los otros.

Bravo por Frida Kahlo, por enseñar a tanto a tanta gente (si viajáis un poco por la web veréis lo de moda que está ahora, no tanto su obra, si no ella como personaje) y en especial a mi querida sobrina. Y bravo por Natalia Goncharova por hacer latir mi corazón más rápido a mis 16 años.

Si te apetece saber algo más sobre Natalia Goncharova, puedes pasar por aquí. Sobre Frida Kahlo no pongo enlaces, la red está repleta de información sobre ella y su obra para todos los gustos.

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No hace falta ser dos para ser dos.

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Todos deseamos brillar. Enseñarle al mundo que no tenemos aristas. Pero esta apariencia es tan frágil, que nos volvemos exageradamente sinceros en cuanto apagamos la pantalla. Se acaban los aplausos. Se acaba el teatro y aparecen las sombras. Te miras en el reflejo de esa pantalla apagada, y aparece tu peor versión. La que no muestras al mundo, pero que te persigue, por mucho que te vayas a la cama, cierres los ojos y pienses que tu conciencia está limpia y tranquila. Porque no lo está. Vamos haciendo daño por el mundo, con nuestras caras de ángeles y nuestra cola de demonio. Y ahí está la gracia, en el equilibrio. En aceptar que nuestras dobleces hacen bien y hacen mal. Hacen reír y hacen llorar a los que nos rodean. Y que cuando finges y subes tu mejor fotografía, solo estás engordando esa sangre oscura que sigue corriendo, con ritmo sincopado pero constante, por venas y corazones bifurcados. El poder de la dualidad, si lo aceptamos sin reservas, se vuelve natural. Hasta relajante. Parte de esa normalidad tan necesaria

TEXTO: MARTA ESCARTÍN MARTÍN