Navidad 2017

Nadie me dijo cuando tuve gatos que poner un árbol de navidad con decoraciones colgantes podía ser muy peligroso.

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Desde hace años sólo ponemos el árbol con decoraciones para que los gatos jueguen. Creo que debe de ser la época más feliz del año para ellos.

Ale, ¡Feliz Navidad a todos!

(Recordad que si queréis compartir esta imagen podéis hacerlo, siempre que nombréis el origen y la autoría de esta. Gracias.)
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Piérdete

Piérdete en el camino,un bosque de pensamientos o en una selva de ilusiones.

Piérdete y aprende a volar solo y podrás hacerlo en compañía.

Piérdete y sufre, llora, ríe, baila…vive.

Piérdete y vuelve mañana (o nunca).

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Texto: Adrià Ariza      Imagen: laperroverde

Si quieres ver y leer más imágenes de la serie “Este no es un mensaje feliz” haz clic aquí y aquí.

Magdalena

La tuerta, así la llamaban. En el pueblo tenían una gran tendencia a la socarronería y a la invención de motes. Pero Magdalena tenía dos ojos sanos, rellenos de mar, que siempre miraban desde la distancia. Solía asomarse a la ventana para alimentar una curiosidad hambrienta que tenía desde pequeña y conservaba en la edad adulta. Puedo recordarla allí, estática, con media cara oculta por un abanico que simulaba la cola de un pavo real. Tan llamativa y a la vez tan discreta. Mostrando aquel ojo vivo, grande, y ocultando el otro, el que la gente daba por muerto.

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Texto: Elena de la Cruz (¡gracias!)  Imagen: laperroverde

Mi vida, según Galeano

Barcelona. La Habana. Montevideo.

2015

Dicen que hace ya un mes y medio que murió Galeano. Galeano, que sueña a Helena, que viene.

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Mi vida, según Galeano, va del verde a la luz y viceversa

Aquí mi antología personal de Galeano (algunos cachitos de mi vida, según Galeano)

1997. Me regalan mi primer libro de verdad (los otros apenas eran letras). Lo escribió mi primer amor y me lo regaló Galeano (¿o fue al revés?). Las venas abiertas de América Latina. Mi adolescencia dulce, insegura se entremezcla con una historia llena de vaivenes y altibajos en el precio del azúcar y del café. Injusticias que sobreviven y amores que terminan.

1999. Ese verano leo La vida patas arriba o el mundo boca abajo y utilizo sus páginas para prensar algunas plantas para mi herbario. Algunas páginas se tiñeron primero de verde, y con los días, el verde se convirtió en marrón. Están arrugadas.

2008. ¿En serio un libro sobre fútbol?

En la Habana Vieja venden libros de segunda mano. A pocos CUC cada uno. Allí compro Memorias del Fuego II y III. Me faltó la primera parte de la humanidad, lo siento, aunque conseguí leerla por otros sitios. Todas las demás ediciones de Memorias del Fuego me parecen de mentira.

2011. El libro de los abrazos. Ser como ellos. Días y noches de amor y guerra. Se desata la fiebre Galeano. Sigo enamorada y releo La vida patas arriba o el mundo boca abajo.

2015. Muere Galeano. Me entero en el metro, leyendo el diario. Me jode enormemente enterarme así. Habría preferido a Galeano, cerquita, narrándome la historia de un señor ya un poco mayor que paseando por las calles de Montevideo… A los pocos días me regalan Los sueños de Helena y lo leo en una sola noche. Lo leo despacito, sentada al lado de mi hija, que duerme. Al acabar empiezo a entender. Galeano sigue vivo, acabo de verle.

La nueva laperroverde

Han habido cambios en mi vida. Los anduve buscando y oh! sorpresa!… por fin llegaron. Llegaron en las formas, olores y colores deseados. Llegó (co-formé) una maravillosa familia de la que formo parte esencial (ma-ma-ma-má). Vivo en un espacio mágico al que puedo llamar mi hogar y que comparto con pareja, hijos, gatos, perra y peces. Me siento bien (Govinda govinda hare hare). Y aunque todo fue gradual, fue el sol quien un día lo iluminó todo de manera diferente y me hizo sentir también diferente.

 

Éste no es un mensaje feliz (primer aviso)

Quiero verte lejos,
aléjate, vete.
Huye, tropiézate,
pínchate, dáñate,
sangra.
Sal de aquí
para siempre.
Conoce gente,
confía, quiere
y que te fallen.
Vete lejos,
pero sobretodo,
vete a la mierda

                                                                                                                    poema: Adrià Ariza

vete-a-la-mierda

 

Reivindicamos nuestro derecho a no ser complacientes ni darle a amigos y enemigos bonitos deseos, bajo cualquier circunstancia.

Estamos hartos de tazas felices. Cansados de agendas que nos obligan a ser más reflexivos y optimistas. Incluso algunos de nosotros odiamos los tíquets regalo con abracitos, besitos y cenitas románticas en casa.

Os avisamos, somos muchos y estamos hasta los mismísimos de vuestra filosofía barata rebozada de Prozac. No os sorprendáis si algún día de repente veis venir una horda de personas francamente cabreadas gritando, literalmente, que os vayáis a la mierda.